Fandom antes del Punk: CF. Música. Cómic

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Untitled-1Las revistas pulp de ciencia ficción como Weird Tales (1923) o las publicaciones del inventor luxemburgués y entusiasta de la electricidad Hugo Gernsback, Amazing Stories (1926) o Science Wonder Stories (1926), entre muchas otras, empezaron a dejar entre sus páginas un espacio generoso a las cartas que enviaban sus lectores y donde estos reinterpretaban y criticaban las historias de los autores profesionales, discutían con pasión cualquier asunto relacionado con la ciencia y la ciencia ficción e incluso, aquellos que tenían alguna vocación literaria, se atrevían a mandar sus propios relatos. Estas cartas iban acompañadas de las direcciones de correo lo que permitió que estos fanáticos (1) se conocieran entre sí, se pusieran en contacto con algunos autores y, lo más importante para nuestra historia, se organizaran formalmente en Asociaciones de Prensa Amateur desde donde editaban sus boletines de información y contactos, los llamados “apazines”. Como sucedía en todo boletín amateur, un editor era el responsable de recopilar los textos que enviaban sus asociados, para después encuadernarlos y distribuirlos en forma de boletín entre los miembros del club.

 

“The Comet”(1930) de Raymond A. Palmer y Walter Davies, editado por la Science Correspondence Club de Chicago y compuesto en su mayoría por artículos de ciencia, ha pasado a la historia como el primer fanzine de ciencia ficción. Pronto le siguieron otros como “The Planet” (1930), editado por Allen Glasser para el club New York Scienceers (quizás el primer club de fans auténtico), “The Time Traveller” (1932) editado por Julius Schwartz y Mort Weisinger o “Science Fiction”, editado por Jerome Siegel, quien más tarde sería el creador, junto a Joe Shuster, de Superman, el superhéroe que haría su debut en Action Comics en junio de 1938.

Este modelo de “fanmagazine”, acortado al término fanzine por Russ Chauvenet en 1940, pronto se exportó con éxito al otro lado del Atlántico. En el Reino Unido, Maurice Hanson y Dennis Jacques publicaron el fanzine Novae Terrae (1936), después llamado New Worlds, que fue el órgano de la Science Fiction League, la primera asociación británica de este tipo, creada tras celebrarse la primera convención de fans en la ciudad de Leeds en 1937.

Algunos ejemplares de estos primerizos fanzines han sobrevivido hasta nuestros días (2). Vistos hoy el resultado quizás nos puede parecer algo pobre, no sólo desde el punto de vista estético sino también literario pero, sin duda, han sido fundamentales en el desarrollo, la madurez y, especialmente, la popularización y aceptación de la ciencia ficción y la fantasía como géneros literarios mayores.

spacefuturia

Spaceways y Futura Fantasia. http://www.fanac.org

Estaban escritos en su totalidad por aficionados quienes se encargaban además de la tosca edición y de difundirlos al margen de cualquier distribuidora profesional o de cualquier tipo de marketing masivo. Era una actividad casi secreta y subterránea, reservada tan sólo a iniciados. Dependiendo de sus posibilidades económicas utilizaron distintas técnicas de edición y reproducción, desde la máquina de escribir, la litografía, la mimeografía o la imprenta, hasta la Ditto, también conocida como Banda o Roneo. Generalmente tenían una vida muy corta e irregular y las ediciones se limitaban a unos pocos números aunque, en el mejor de los casos, podían llegar a imprimir hasta 5.000 ejemplares. Los textos incluían cartas, críticas, editoriales y columnas de opinión. En algunas ocasiones estos textos iban ilustrados con dibujos muy rudimentarios y esquemáticos. El fanzine era no sólo una publicación sino que principlamente se constituía como un espacio de discusión de todo asunto relacionado con la ciencia ficción.

Estaban patrocinados por clubs a nivel local, regional e incluso nacional, como la National Fantasy Fan Federation, fundada en 1941 y que aún existe,. Entre los miembros fundadores de esta última encontramos a Forrest Ackerman, un personaje fundamental  en la historia del fandom de ciencia ficción. Uno de los clubs más míticos de esta época fue Futurians (Fururian Science Libertary Society) fundada en 1938 y al que pertenecían, entre otros, Isaac Asimov, Damon Knight, Judith Merrill o Frederick Polh. Era un club disidente, a contracorriente, que permitía la entrada a mujeres, compartían una casa y que manifestaba un compromiso político y social a través de sus creaciones.

En esencia, todos ellos tenían en común que trataban de validar una cultura marginal, permitían que se crearan comunidades de fanáticos y entendían la edición como una acción política. (3)

Aunque alguno de estos primeros fanzines de ciencia ficción habían dejado entre sus páginas un espacio cada vez más generoso al cómic, no será hasta principios de la década de los 60 cuando los aficionados, que compartían por igual su interés en la ciencia ficción y al noveno arte (4), más todos aquellos aficionados que llegaban en la era post-Wertham (5), en plena Edad de Plata del cómic de superhéroes, se pusieron en contacto a través de publicaciones como Alter Ego (1960) del profesor Jerry G. Bails o Comic Art (1961) de Don Thompson y Maggie Curtis, dando carta de naturaleza al nacimiento del fandom de cómic. Esta particular subcultura se irá consolidando y madurando gracias al trabajo de las asociaciones amateurs, como era el caso de Capa-Alpha, que editaban sus fanzines y sus boletines. Además los “adzines” (6), que eran fanzines de anuncios y contactos como The Rocket Blast (1961) y Comicollector (1961), (7) o las tiendas especializadas en cómic vintage, surtieron las demandas de los coleccionistas. Por último, otra forma de hacer comunidad más allá de las publicaciones fueron los primeros encuentros de aficionados al cómic, las llamadas Comicons (Comic Fan Conventions), siendo la celebrada en Nueva York el verano de 1964 la primera de todas ellas y a la que seguirían otras como la celebrada en Detroit sólo un año después o la de San Diego ya en 1969.

Tal como sucedió en la ciencia ficción, el cómic no se quedó en una simple afición de coleccionistas y un punto de encuentro y discusión de fanáticos, ya que algunos dibujantes y escritores amateurs también se animaron a autoeditar sus trabajos a partir de sus personajes y superhéroes favoritos. Con las pornográficas Tijuana Bibles (8) como antecedente más remoto, del que imitaron el pequeño tamaño, y directamente asociados con el comix underground de los 70, una categoría particular de fanzine, que se mueve entre lo underground y lo alternativo o independiente es el minicómic, que también recibe el nombre de small press cómic o stripzine en el Reino Unido.

Parece ser que fue el dibujante Justin Green quien inventó el formato con Spare Cómic (1972) y que Gary Arlintong, quien regentaba en San Francisco su Cómic Book Company, popularizó el modelo editando durante años docenas de ellos. Pero el gran momento de estos autopublicados, con tiradas reducidas y autores en su mayoría desconocidos, obscenos, satíricos, y adoptaban el espíritu Hazlo Tú mismo del punk, fue la década de los años 80, la denominada Newave del comix underground. Gracias a las posibilidades que ofrecían los nuevos métodos de impresión más baratos, sobretodo la fotocopia, permitió que proliferaran pequeñas editoriales como Comix World, Everyman Studios and Starhead Comix.

La modalidad del minicómic es una categoría que aún se conserva, que ha democratizado y que aún hoy abarrota los expositores de ferias y mercadillos. Ya no se refieren tanto al formato (habitualmente A5) como al hecho de ser un cómic auteditado que podríamos identificar con el comic alternativo y que ha servido de campo de pruebas para autores profesionales algunos de los cuales han seguido fieles al formato con intención de experimentar, desde quienes apenas cubren gastos. Aunque han abandonado en parte este aspecto artesanal por un acabado mucho más cuidado, esta modalidad aún se conserva y hoy abarrota los expositores de ferias y mercadillos. Han dejado su aspecto más artesanal , hechos a manos y de aspecto profesional para ser impreso con mayor calidad.

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Caravan. http://gary-ross-hoffman.com/. The Little Sandy Review. woodyhaut.blogspot.com.es

Lee Hoffman venía del fandom de la CF y era una de las pocas mujeres editoras de fanzines. Durante toda su vida fue una escritora prolífica de historias fantásticas, románticas y de relatos que ambientaba en el Far West. Y también es responsable de los que, posiblemente, sean los primeros fanzines de música de la historia. En la década de los cincuenta editó, entre muchos otros, los fanzines musicales Caravan (1958) o Gardyloo (1959), ambos mimeografiados y dedicados a documentar la escena folk de la época reunida en torno al Greenwich Village, un estilo musical que era ignorado o, en caso de no serlo, despreciado o ridiculizado por la prensa más masiva. Otro fanzine de esta misma época y también dedicado al folk y que ha acabado siendo uno de los pilares fundacionales del periodismo musical fue The Little Sandy Review (1960) que editaban Paul Nelson y John Pankake en Mineápolis.

Greg Shaw, al igual que Hoffman, también procedía del fandom de ciencia ficción. Con su propio mimeógrafo casero editó algunos fanzines como Feemwlort (1965) o Entmoot (1965), dedicado a Tolkien. Después amplió sus intereses hacia el rock creando, junto a David Harris, el fanzine Mojo Navigator (1966) y, ya en la década de los 70, el fanzine-revista Who put the bomb (1970), que más tarde daría lugar a la dicográfica Bomp Records, cuna y hogar del Power Pop. La idea que rondaba la cabeza de Shaw con sus revistas era hacer una crítica musical que, siendo seria y rigurosa, casi obsesiva en el más mínimo detalle, no perdiera el punto de vista del fan inteligente a la música rock. Ésa era la idea de cómo hacer buena crítica musical. Lo riguroso no tenía por que estar reñido con la pasión y con la actitud propia del fanático. En los fanzines de Shaw, y en otros como Crawdaddy (1966-67) de Paul Williams o  Bam Balam (1974) de Brian Hogg, además de revistas como KRLA Beat (1965) y ZizZag (1969) de Peter Frame, comenzaron su carrera y se curtieron algunos periodistas musicales como Lenny Kaye, Greil Marcus, Richard Meltzer o Lester Bangs y tuvieron gran influencia en el fanzine musical de las décadas posteriores.

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La década de los 60 será el momento en que aparezcan los primeros fanzines dedicados a algunas de las series televisivas más populares de la época, en especial Doctor Who y Start Trek. Spockanalia (1967), un fanzine mimeografiado y editado en Nueva York por Devra Lagsam y Sherna Comerford, inauguró toda una subcategoría, el fanzine dedicado a la serie de la NBC. También a principios de la década de los 60 aparecerán los primeros fanzines dedicados exclusivamente al cine de terror y fantasía. Nacieron primero como publicaciones amateurs de aficionados, aunque algunos de ellos, los más exitosos, se convirtieron en revistas profesionales o en prozines. Así sucedió con Gore Creatures (1961) Horrors of the screen (1962) o Castle of Frankenstein (1962). Éste ultimo tuvo una larga aunque errática vida. Editado por Calvin Beck, empezó siendo un fanzine clásico de monstruos y progresivamente fue desarrollando un acercamiento más adulto y serio hacia el cine fantástico incluido el más experimental. Joe Dante publicó aquí algunas reseñas. Cinemafantastique (1967 ) también empezó siendo un fanzine mimeografiado de un estudiante de ciencias físicas de la ciudad de Chicago, Frederick S. Clarke, y pronto se convertirá en una revista lujosamente editada en imprenta, una publicación mítica y que supuso toda una aproximación seria al género. Repleta de fotografías, la revista incluía larguísimas críticas y entrevistas, sesudos análisis o retrospectivas en profundidad.

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NOTAS

(1) El término fanático (fan) hacía referencia originalmente a ciertas formas excesivas de creencia y culto eligioso. A partir del siglo XIX empezó a utilizarse de forma abreviada para designar a un devoto feliz.. JENKINS (2008). p:24-25.

(2) Puedes ver algunos de estos primeros fanzines en páginas como FANAC: The Fan History Project

(3)

(4) Se denominaba double fan a aquellos fanáticos que tenían interés en más de un fandom, ciencia ficción y cómic, por ejemplo. El fanzine de ciencia ficción  Xero (1960) de Dick y Pat Lupoff es un ejemplo de este doble interés con su sección “All in color for a dime” dedicado al cómic de superhéroes.

(5) Las recomendaciones del psiquiatra Fredic Wertham en “La Seducción de los Inocentes” (1954) derivó en la creación del Comic Code. En 1974 publicó “El Mundo de los Fanzines” donde concluía que la edición de fanzines era un jercicio saludable y constructivo para las mentes creativas.

(6) Los “adzines” eran publicaciones amateurs, de periodicidad regular y cuya principal razón de ser eran sus anuncios de compraventa de cómics destinados a vendedores, coleccionistas, editores y aficionados.

(7) Después se unirían y ya como RBCC (Rocket Blast Comic Collector) fue el principal “adzine” de la década de los 60.

(8) Eran pequeños cómics pornográficos muy populares durante la época de la Gran Depresión.

 REFERENCIAS

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