Introducción. Protozines

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La verdadera historia del fanzine, entendido como la quintaesencia de la autoedición amateur, comienza en Estados Unidos durante las décadas de los años 20 y 30 del siglo pasado con las primeras publicaciones de aficionados y fanáticos a la ciencia ficción. Hay algunos autores que han elaborado toda una protohistoria (1) o prehistoria del fanzine que supera ese momento concreto. Como fenómeno subterráneo y marginal que es, a veces esta cronología se nos presenta algo borrosa y los precursores y antecedentes que se han propuesto pueden parecernos algo discutibles sobretodo si de lo que se trata es de darle prestigio o de equipararlo a fenómenos similares con los que el fanzine podría sentirse en desventaja. En realidad estos antecedentes tendrán más que ver con alguna de las características ideológicas y formales que han definido y moldeado el fanzine a lo largo del tiempo que con una forma o categoría cerrada.

Es cierto que hubo otras formas de comunicación no profesionales, autoeditadas o marginales, publicaciones que no se sometían a la rutina industrial o que escapaban al control institucional, que nos hacen pensar que el fanzine, o al menos la idea de fanzine, había estado presente durante siglos aunque hubiera que esperar a que Russ Chauvenet propusiese en 1940 en su revista “Detours” este nombre para referirse a las publicaciones amateurs que los aficionados a la ciencia ficción venían publicando desde las primeras décadas del siglo XX; que el punk se apropiara del término, le diese una dimensión más política bajo la ética del “Hazlo tú mismo” y lo popularizara gracias a la fotocopia; o que, ya en la década de los 80, Mike Gunderloy a través de su metazine Fachsheet Five diese carta de naturaleza a toda una cultura del “zine”, amplia y heterogénea, dotando de una conciencia común a editores, lectores y aficionados de variada procedencia, múltiples influencias y con intereses muy variopintos (2).

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The Children in the Wood. (Chapbook) Foto tomada de: Victoria and Albert Museum.http://www.vam.ac.uk/. Broadside escocés. Tomada de: National Library of Scotland.http://digital.nls.uk/broadsides/index.html

Dentro de la dimensión efímera, callejera, disidente e, incluso, abiertamente panfletaria que tiene el fanzine, algunos autores quieren rastrear sus orígenes en los folletos y volantes editados en el Reino Unido desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Solían ser pequeñas publicaciones, sin encuadernar y pobremente impresas, normalmente con contenido difamatorio pero que también sirvieron para difundir noticias, ficciones moralistas o como medios de propaganda. También se observan algunas similitudes en los Broadsides,(3) que eran pósters con información y sátiras, en los folletos autoeditados por los Ranters (4) durante la revolución Inglesa del siglo XVII o en los folletos y revistas autopublicadas durante la Revolución francesa. Commom Sense, el panfleto autoeditado por Thomas Payne en 1776 durante los años de la revolución norteamericana, y que resumía las reivindicaciones americanas contra la corona inglesa, se cita habitualmente como un ejemplo tempranero de algo parecido a un moderno fanzine.

Dentro de su dimensión más explícitamente política, el fanzine, en su enfrentamiento y oposición a la cultura dominante, se ha relacionado con un tipo de prensa ligada a los movimiento sociales, la llamada prensa disidente, (5) es decir, aquella cuyo activismo trataba de dar voz a las minorías que eran habitualmente ignorados o malinterpretados por la prensa más convencional. La categoría es muy amplia y ha recibido distintos nombres a lo largo de su historia. Sólo en Estados Unidos, por ejemplo, estaríamos hablando de la prensa autoeditada por los colectivos negros, los nativos, los trabajadores inmigrantes pero también de la prensa editada por populistas, anarquistas, comunistas, abolicionistas o antimilitaristas.

En este mismo sentido, aunque en un ámbito geográfico muy distinto, encontramos otros puntos de unión entre el zine y la obra autoproducida por los disidentes soviéticos de la época post Stalin, los Samizdat. El término ha sido adoptado habitualmente por la cultura del zine. El samizdat era una práctica de la vieja Rusia revolucionario que consistía en la circulación de material privado, habitualmente manuscrito y que incluía desde ficción y poesía hasta memorias o sentencias judiciales.

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The United Co-operative. Foto tomada de: http://www.philsp.com/data/data481.html.

El fanzine es también una forma de periodismo no profesional que aprendió de la prensa amateur nacido en la segunda mitad del siglo XVIII, una modalidad de periodismo que en Estados Unidos se organizó en la asociaciones de prensa amateur o APAs (6). En ellas un editor se encargaba de recopilar los artículos y de distribuirlo entre sus miembros en forma de boletín de noticias. Todo quedaba reducido a un círculo cerrado y minoritario. Como veremos más adelante, la fórmula será imitada, ya en pleno siglo XX, tanto por aficionados a la ciencia ficción como al cómic o la música. El escritor H. P. Lovecraft fue un gran defensor de la prensa amateur y lo demostró participando activamente en algunos periódicos “colaborativos” como The United Cooperative (1919-1921), una publicación auspiciada en su natal Providence por la United Press Amateur Association y cuyos miembros aportaban su grano de arena, tanto financiera como creativamente.

La historia de la literatura está llena de ejemplos de escritores que han financiado la edición de sus primeros trabajos ante el desprecio, la incomprensión o el desinterés de las casas editoras. Sabemos que William Blake se autoeditó en 1789 sus Songs of Innocence o que Laurence Sterne hizo lo propio con su Tristam Shandy. Otros escritores no solo financiaron sus obras sino que incluso hicieron todo el trabajo de maquetación y de impresión como es el caso de Walt Whitman quien no solo financió la primera edición de Hojas de Hierba en 1885 y escribió sus propias reseñas sino que ayudó a los impresores a colocar los tipos móviles.

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The Rectory Magazine de Lewis Carroll. Tomada de: http://www.hrc.utexas.edu/exhibitions/web/carroll/lc2.html Mini libros de las hermans Bronte que se conservan en la Universidad de Harvard. Foto tomada de: thehairpin.com

La autoedición también ha sido una forma de experimentación o divertimento para autores que luego se convertirían en escritores reconocidos. En época Victoriana, Lewis Carroll, además de editar revistas familiares donde demostraba su gusto por la parodia o la sátira, fue muy aficionado a los scrapbooks, recopilaciones artesanales y casi privadas, que el escritor confeccionaba a base de recortes de prensa, notas y sus propios textos manuscritos, dibujos y bocetos.

Las aún adolescentes hermanas Bronte, Charlotte y Branwell, también fueron muy aficionadas a las manualidades editoriales elaborando docenas de minúsculos libritos, de no más de 5 centímetros, a partir de recortes de periódicos y que completaban a base de relatos cortos manuscritos. No tenían más intención que el puro divertimento o parodiar las revistas victorianas.

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Blast y The Owl, dos revistas modernistas. http://www.modjourn.org/

La primera corriente literaria que tomó conciencia de las posibilidades que ofrecía la autoedición al margen de una corriente oficial fue el modernismo en las primeras décadas del siglo XX. Sus pequeñas revistas literarias o “little magazines” tenían tiradas muy limitadas y sufrían una existencia efímera y fugaz en la mayoría de los casos. El fenómeno fue global y multilingüístico. En el ámbito anglosajón, The Blast (1914), órgano de los Vorticistas ingleses, The Blue Review (1913), The Dial, (1920) o The Egoist, entre otras, pueden entenderse como un posible antecedente del moderno fanzine literario o al menos de las pequeñas revistas literarias independientes. Pero también comparten otras similitudes con el fanzine en un sentido algo más genérico. A pesar de que sus lectores eran una minoría elitista (de ahí el nombre que se les dió), se diferenciaban de la prensa literaria más convencional por su ausencia de interés comercial y, sobretodo, por el espíritu colaborativo como motivación para ser editadas. La idea detrás de estas publicaciones era servir de espacio común para que escritores, artistas o activistas, de muy diferentes procedencias, se encontraran y probaran nuevas y heterogéneas ideas o intereses, no solo estéticas sino también políticas, que eran desconocidos y minoritarias en su tiempo. Además, y al igual que sucede con el fanzine a lo largo de su historia, también los “little magazines” modernistas se sirvieron de los avances en los métodos de impresión, como la linotipia, la imprenta manual o la máquina de escribir portátil, que abarataba y hacía mucho más asequible todo el proceso editor.

Los poetas Beats fueron capaces de crear su propia tradición y su público a través de su prolífico trabajo editor. Sus publicaciones sirvieron de promoción colectiva ya que sus ideas no encajaban en las editoriales mayoritarias o en la prensa más establecida. Recuperaron la idea del viejo “chapbook” (7) democratizando estas pequeñas publicaciones gracias a las posibilidades de reproducción económica que ofrecía el mimeógrafo. Alan Ginsberg publicó Howl y Mind Breaths en forma de chapbooks redefiniendo el nuevo papel del medio. En ambos casos, el libro se presentaba como un todo donde el foco de atención se centraba en el libro antes que el poema. La “Pocket Poets Series” (1955) de Lawrence Ferlinghetti y su City Lights Press de San Francisco es otro ejemplo de como la fórmula del chapbook ayudó a descubrir autores y a diseminar poesía experimental sin necesidad de recurrir a las grandes editoriales comerciales. Fue fundamental el acceso al mimeógrafo, letterpress y otras formas de impresión barata y accesible que hacía posible que fuesen los propios autores quienes editaran su obra. No solo ayudó a multiplicar la producción sino también ayudó a crear un grupo literario. Algunas revistas se distribuían solo por correo pero gracias a las librerías independientes hicieron el resto

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Dos ejemplos de revistas durante la llamada revolución del mimeógrafo. http://realitystudio.org/

Pero será a mediados de los 60, gracias a lo que se ha denominado la revolución del mimeógrafo, cuando el número de publicaciones se multiplique alcanzando su momento más álgido. Era fácil de usar y barato. No se precisaba una destreza especial. No sólo la literatura con más pretensiones se benefició. Cualquier adolescente podía editar su propia revista en el garaje de la casa de sus padres, ya estuviese dedicada al cómic, la ciencia ficción o la música. Un chapbook podía imprimirse en un solo día. La calidad del resultado no era siempre la mejor. Dependía de la destreza y la sofisticación del editor y la gama podía ir desde el más profesional hasta la simpleza del autor nunca antes publicado. En general mantienen un formato estándar, grapadas en el lomo, fuentes mecanografiadas y borrosas y cubiertas elaboradas por artistas visuales. Algunas de las revistas más representativas de esta época son el Fuck You, magazine of the arts de Ed Sanders, Yugen (1958) de Le Roi Jones o Floating Bear (1961) de Diane di Prima.

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NOTAS

(1) Hemos seguido las propuestas de Nico Orway y Frederick Wright quienes han propuesto sendas historias del fanzine.

(2) De Dadá a DIY, Breve Historia de la cultura alternativa. Traducción de Luis Navarro, publicado en el fanzine PO Box, 1998.

(3) Orway, Nico. Historia de los fanzines. Publicado originariamente en Research. Traducción de Thomas Nochteff en Minca, fanzine de la Fanzinoteka Ambulant, número 1. Barcelona

(4) Anarco comunistas de la era Cromwell acusados de predicar la expropiación de los ricos y la propiedad colectiva y cuya influencia, de acuerdo a Orway, llega a Situacionistas, Dadaístas y Punks del siglo XX.

(5) La Comunicación Alternativa utiliza la categoría tradicional de medios alternativos, radicales o por el cambio social. Reciben multitud de nombres: populares, ciudadanos, radicales, de contrainformación, participativos, comunitarios, de disidencia, clandestinos, etc.

(6) La primera de todas ellas, la National Amateur Press Asociation se fundó en 1876 y aún hoy sobrevive. http://www.amateurpress.org/index.htm

(7) Los chapbooks eran pequeños folletos muy baratos y rudimentarios que tienen su origen en el siglo XVII. El término deriva de chapmen, una especie de vendedor ambulante. El contenido iba desde el panfleto, los tratados políticos y religiosos hasta las canciones o los cuentos infantiles. En España reciben el nombre de “sueltos” o “plieges sueltos”.

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REFERENCIAS

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